A la hora del té

Desde donde estoy tengo una vista privilegiada de la plaza del Corrillo; pido un té rojo con limón, recordando otros tés, y observo el verano que se niega a abandonar la ciudad.

Un camarero ha salido a fumar a la calle y el barrendero que trajina por allí casi le barre los pies, esperando la colilla que no acaba de caer; hay un par de hombres con traje de ejecutivos en una mesa de la terraza, desentonando entre los turistas que aprovechan a comer tarde y los estudiantes que caminan con los libros en el brazo, camino de la Facultad. Como aún hay poca gente sentada, los pájaros se atreven a revolotear entre las mesas vacías, picoteando migajas aquí y allá. Hay uno que se sujeta en el borde de una silla y se balancea, como los niños en los columpios, antes de echarse a volar de nuevo. La vida pasa a mi lado y me invita a acompañarla.

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Acerca de AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.
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3 respuestas a A la hora del té

  1. Miguelete dijo:

    Y tan agustito que se está acompañando a la vida…

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  2. Concha dijo:

    Ya estaba a la espera de otro relato, le daré las gracias al té.

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  3. Tranquila, ahora va otro…. Todo estaba en la mochila.

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