El canto de las ballenas

Si usted lee esta “Nota de autor” quiere decir que yo ya habré muerto. He dejado esta nota redactada para acompañar este libro, también póstumo. Quizás, en unos años, algunos de esos que pasan por críticos y entendidos en la materia, se refieran a mí como una figura interesante, que leyó con sed, y que escribió, dibujó, pintó y esculpió sin descanso hasta su último aliento, mi último aliento, con algo de fortuna.

Mi abuelo decía que yo necesitaba tener la cabeza ocupada, pero se equivocó, porque lo que yo necesitaba tener ocupado era el corazón. Y no conocí otra forma de hacerlo. Leí, y leí mucho, para vivir otras vidas que no eran la mía, y escribí, y dibujé, y pinté e hice formas con mis manos porque no me quedaba más remedio, porque mi corazón no conocía otra forma de pedir ayuda.

De modo que sólo fue eso, querido lector –cómo no quererle, si está usted leyendo estas líneas-. Todo lo que hice fue como el canto de las ballenas, señales que en la distancia, otra ballena podría descifrar y acudir a mi encuentro.  No encontré otra forma de escapar de la soledad del mar inmenso.

 

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Acerca de AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.
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2 respuestas a El canto de las ballenas

  1. Miguelete dijo:

    Precioso

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  2. Concha dijo:

    No me acordaba de este relato, es fantástico.

    Le gusta a 1 persona

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