Identidad

20 de enero

Hoy me he mirado al espejo por primera vez y no me he reconocido. Los médicos dicen que todo va muy bien y es verdad que dolores, apenas tengo. Pero tengo la cara hinchada y como de cartón. Lo peor son las pesadillas; sería mejor no dormir que dormirme reviviendo la explosión y el olor a carne quemada y verme las manos cubiertas de trozos de piel que se desprenden de mi cara.

15 de febrero

Llevo unos días en casa. Si no fuera por Alicia, me vendría abajo. Los niños llegarán hoy. Estoy asustado, muy asustado. Sólo Alicia me mantiene unido al mundo que tuve.

1 de marzo

Salgo a la calle y me veo reflejado en los escaparates y no me reconozco. Me miro en el  espejo cada mañana y no sé quién está al otro lado. A veces me levanto de madrugada, agitado por una pesadilla, la misma pesadilla de siempre, y me miro en el espejo del lavabo y no sé quién soy. El hombre del carnet de identidad ya no existe, el hombre de las fotos familiares no soy yo. Tengo que volverme hacia la cama para ver a Alicia dormida y darme cuenta de que debo ser yo porque ella es mi mujer y está conmigo.

10 de marzo

Hoy volvía de la calle, y decidí entrar en casa saludando a voces, llamando a mis hijos. Desde que volvieron a casa, me he dado cuenta de que mi voz les tranquiliza, supongo que la recuerdan y les permite identificarme. En seguida escuché el revuelo de los niños al oírme y esperé en el hall con los brazos abiertos, pero cuando apareció Mateo, en el fondo del pasillo, se frenó en seco y se quedó apoyado en la pared, mirándome con curiosidad y con desconfianza. “Soy papá” le dije, con los brazos desmayados, pero él se volvió al salón mirándome de reojo. Alicia le quitó importancia, me besó delante de ellos, “para que se acostumbren, dijo”, me abrazó y los dos preparamos la cena; pero yo no pude probar bocado.

20 de marzo

Alicia es como una polvorilla, la explosión acabó con mi rostro y con su pasividad. Ahora destila energía y entusiasmo, supongo que para compensar los miedos de todos nosotros. Alicia me da seguridad; es el puente entre mi pasado y mi futuro, entre el antes y el después de aquello.

23 de marzo

Me besó. Alicia me cogió la cara entre las manos, me besó y me pidió que nos fuéramos a la cama. Bueno, se lo pidió a Carlos, no a mí, porque dijo “Llévame a la cama, Carlos”. Y no pestañeó. Y yo enmudecí, y me dejé llevar de la mano hasta la cama. Por la mañana también me besó y me llamó Carlos delante de los niños, “para que se acostumbren” volvió a decir, y Mateo y su hermano sonrieron mientras se comían los cereales. Parece un camino sin retorno, y yo estoy perdido, entre el pasado de Andrés y el futuro de Carlos.

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Acerca de AdelaVilloria

Trabajo para poder comer. Escribo para poder vivir.
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